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El tema es mucho más amplio de lo que parece pues hace algunas décadas se creía que al tamaño y profundidad de los mares, se podían utilizar como vertederos de basura y hasta de sustancias químicas, y que esto no representaría consecuencias mayores.

Hoy en día hay zonas como esa  extensión de 1.600 kilómetros de plástico en descomposición en el Pacífico Norte para darse cuenta de tan solo un poco de nuestra contribución para llevar al borde del colapso lo que tiempo atrás fue un ecosistema oceánico próspero.

Se han hecho pruebas y demostrado que los océanos han sufrido daños desde épocas muy antiguas; si bien ha sido desde hace mucho tiempo atrás, son estos tres últimos siglos los que han sido una enorme diferencia pues aumentaron los vertidos industriales y la escorrentía procedente de explotaciones agrarias y ciudades costeras.

La contaminación en los mares es solo uno de muchos contaminantes que han afectado a nuestro ecosistema, y este se lleva acabo incluso con actividades que hacemos comúnmente, debido a que en estas actividades solemos utilizar directa o indirectamente plaguicidas, herbicidas, fertilizantes químicos, detergentes, hidrocarburos, plásticos y otros sólidos. Y muchos de estos contaminantes se acumulan en las profundidades del océano, donde son ingeridos por pequeños organismos marinos a través de los cuales se introducen en la cadena alimentaria global. Los científicos incluso han descubierto que los medicamentos que ingiere el hombre y que no llegan a ser procesados completamente por su organismo acaban en el pescado que comemos.

Muchos de estos contaminantes que son encontrados en los océanos, han sido  liberados en el medio ambiente mucho antes de llegar a las costas. Como lo son los fertilizantes que utilizan los productores agrícolas en zonas de interior, estas acaban en las corrientes,de ríos y aguas subterráneas, y un poco más tarde se depositan en los estuarios, bahías y deltas. El exceso de nutrientes generados por dichos fertilizantes pueden provocar un crecimiento masivo de algas que consumen el oxígeno del agua, generando zonas en las que no puede haber vida marina o apenas existe.

Los residuos como bolsas, espuma y otros desechos vertidos en los océanos desde tierra o desde barcos en el mar acaban siendo alimento de especies marinas, peces o aves que los confunden con comida, con consecuencias a menudo desastrosas. En algunas regiones, las corrientes oceánicas arrastran billones de objetos de plástico en descomposición y otros residuos hasta formar remolinos gigantescos de basura. Uno de ellos, situado en el Pacífico septentrional y conocido como el Gran Parche de Basura del Pacífico, tiene una extensión que según las estimaciones llevadas a cabo duplica la del estado de Texas.

Jesus M.A
Jesus M.A
"Los sueños comienzan, creyendo en ellos" -Suzumiya Haruhi-

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